Por una agenda de seguridad en serio para Concordia

20140815_125630En términos de políticas de seguridad en Concordia, surgidas de las necesidades de Concordia, hechas por Concordia y para la gente de Concordia, en todos estos años políticos y funcionarios mucho dijeron, mucho anunciaron, muchísimo más prometieron, y muy poco -casi nada- hicieron.

Cada promesa que nos vienen haciendo desde hace años es, como dicen por allí, «vendernos humo».

El problema no es que nos vendan humo, el problema es que lo sigamos comprando.

En tren de promesas incumplidas, no podemos dejar de mencionar que Concordia sigue siendo en materia de presupuesto de seguridad para los funcionarios provinciales, una ciudad de segunda. Pareciera ser que Concordia no merece contar con la tecnología del 911 y las cámaras de seguridad con que sí cuenta desde hace más de cinco años Paraná, por ejemplo.

¿Porqué ellos SI y nosotros NO? El año pasado se creó tras aumentar impuestos un fondo especifico para combatir la inseguridad, pero a Concordia no llegó nada, más allá de unos pocos patrulleros que, a lo sumo, reemplazaron los que se fueron dando de baja por estar destartalados.

Si a este panorama le sumamos que somos la segunda ciudad en importancia de la provincia, pero la primera en inseguridad y hechos delictivos, es hora de exigir que las cosas ocurran y los recursos prometidos nos sean destinados.

E hilando más fino, ¿por qué seguimos teniendo una estructura de comisarías que viene de la década del 60 del siglo pasado, donde una sola comisaría, la tercera, tiene a su cargo una jurisdicción de no menos de cincuenta mil personas, más de la cuarta parte de la población de la ciudad? ¿No es hora ya de hacer las reformas que hay que hacer?

Y si seguimos un poco más, ¿por qué ya casi no hay operativos anti arrebatadores y anti motochorros en zonas calientes? ¿por qué hay mucha menos presencia policial en las calles?

Si pudiéramos hacer de los últimos 8 años una película sobre la inseguridad en Concordia podríamos ver una película de terror que empeora un poco a cada minuto que pasa. Lo grave del asunto es que no es una película: son nuestra vidas y las de nuestros hijos las que están en juego. Y los que venimos teniendo terror -hasta para salir a la calle- y sufriendo las tragedias somos todos los concordienses.

Ahora bien, la película no estaría completa si no mencionáramos al gran enemigo que hoy tenemos: la droga.

La droga avanzó y penetró de una manera tan profunda como aberrante en los barrios y escuelas de Concordia, atravesando todas las capas sociales, sin que nadie de los que pasaron por el poder político hayan hecho nada visible al respecto.

A la realidad y a la evidencia de la historia reciente me remito. Tengo un hijo adolescente que me dice que no tendría el más mínimo problema en conseguir droga, si quisiera. Sabe dónde, cómo y a quien pedirla. Un chico de 14 años sabe dónde encontrar a quien vende droga más fácil que las fuerzas de seguridad del Estado. ¿No es trágico?

Hasta parece que el hecho de que los responsables políticos, policiales y judiciales de no haber llevado adelante ningún tipo de política antidroga seria o coordinada (más allá de algún decomiso fortuito en algún control de ruta ocasional) vinieron a ponerle una alfombra roja a los narcos.

No hay que ser adivino para darse cuenta que para los narcotraficantes Concordia es el paraíso mismo, porque reúne todas las condiciones: es una ciudad de frontera, estratégicamente situada, ubicada en la ruta del Mercosur, con doscientos mil habitantes, donde tal vez más de la mitad de su población joven esté por debajo de la línea de pobreza, y que en la práctica está liberada para la venta de estupefacientes.

Una ciudad donde no hay siquiera una fuerza de seguridad con asiento fijo y desplegada que actúe proactivamente contra este flagelo, y la poca que hay se limita a cumplir mandamientos esporádicos de un juzgado que está a 150 kilómetros de distancia -en Concepción del Uruguay-. Para empeorar las cosas la Policía de Entre Rios poco o nada puede hacer por sí misma contra el accionar de los narcos, por los límites jurisdiccionales y trabas que le impone la Ley. Y aún si pudiera, no tendría los recursos para hacerlo.

Tampoco tenemos indicio alguno de que al poder político de turno local le interese que se haga realidad contar con nuestro propio Juzgado Federal (el cual fue aprobado por Ley hace muchos años) y que vendría a ser el organismo que combata de oficio a los narcos.

Un Juzgado que es tan necesario como fantasma, que no sólo que no existe, sino que además -a modo de burla a todos nosotros- ya paga abultados sueldos a sus funcionarios nombrados oportunamente. ¿Tan difícil es demostrar voluntad política declarando de interés municipal que se instale el Juzgado Federal en Concordia? ¿Porqué no se hace? Cabe preguntarse ante la falta de gestiones para su concreción: ¿no será un caso de «cajoneo» deliberado?

El guión de esta película es predecible y ya conocido: con la ciudad liberada, el narcomenudeo crea demanda de más droga vía la dependencia que éstas producen, a medida que la droga avanza los «soldaditos» devienen en «dealers», luego éstos se rejuntan en bandas, después éstas bandas se transforman en pequeñas mafias territoriales que van ganando espacios y cuotas de dominio en los barrios, y por fin éstas mafias se hacen grandes y terminan adquiriendo tanto poder que llegan a tener la capacidad de corromper al poder político, policial y judicial.

El narcomenudeo toma escala y se convierte en narcotráfico.

Y la droga, una vez que hizo pie y penetró socialmente, es casi imposible erradicarla.

La situación con el tiempo deviene invariablemente en violencia con aprietes, ajustes de cuentas, asesinatos y sicariato. Violencia entre bandas, violencia entre narcos, violencia de los adictos que delinquen para obtener más droga. Al final de esta «hoja de ruta» lo que los narcos no dominan por el billete lo terminan dominando por el miedo, cuando no por las balas. El claro ejemplo de esto es la ciudad de Rosario, y la banda Los Monos. Si estamos en las primeras etapas de este macabro guión quizás tengamos una oportunidad de cambiar las cosas.

Pero tenemos que actuar para cambiarlas. Con desear, o con sólo quejarnos, no logramos nada. Hay que exigir a quienes fueron elegidos por el voto que se pongan los pantalones largos. Son ellos los que deben realmente poner lo que hay que poner sobre la mesa.

Es hora de que despertemos, y de que como concordienses nos comprometamos. No tenemos que quedarnos de brazos cruzados aceptando como cosa natural convivir con la droga y las mafias que la promueven. No estamos predestinados a tal cosa.

Sin embargo, nada de esto parece importar al poder de turno, que trata de imponer una agenda de comité, errónea desde sus supuestos de base, por cuanto desvía claramente el foco de los problemas urgentes, importantes y centrales, yéndose por las ramas.

Funcionarios de flaco currículum en materia de seguridad y quizás no muy conectados a la realidad, designados por el Sr. Presidente Municipal Dr. Enrique Cresto, que dejando de lado la opinión de los vecinos y dándole la espalda a las ONG (como ASEC) que vienen trabajando desde hace mucho por más seguridad y conteniendo a las víctimas, comunican que Concordia va a seguir un pretencioso, y tan grandilocuente como agarrado de los pelos «Plan Estratégico de Seguridad», en el que incluyen programas de aparatosos títulos que no se entiende bien ni qué significan ni para qué sirven. Ni siquiera explican en qué consisten esos «Programas» ni -mucho menos- cómo piensan fondearlos para llevarlos a cabo.

O sea, más humo.

Ojalá el problema de la inseguridad se mitigara con ampulosos anuncios y promesas vacías, pero el cotillón mediático y las gacetillas de prensa cocinadas de apuro a la delincuencia no le hacen mella.

Mientras la voluntad política no se enfoque en encarar los problemas centrales que son los reales causantes de la inseguridad, la realidad y los delincuentes van a estar allí golpeándonos en la cara y donde más nos duele, todos los días, a todo hora, en todo lugar.

Es hora de mirar a la cara y de frente a la delincuencia y sus métodos, y de hacer lo que hay que hacer para derrotarla.

Guillermo Schmid

ASEC – Asamblea por la Seguridad de Concordia